Qué son los depósitos estructurados

La mayoría de los mortales conciben los depósitos como instrumentos financieros para obtener una cierta rentabilidad por nuestro dinero ocioso, pero sin ningún tipo de riesgo; un producto pensado especialmente para aquellas personas que no quieren poner en peligro su capital y que, a cambio, desean obtener una cierta rentabilidad por sus ahorros.

Sin embargo, desde un tiempo a esta parte, la innovación financiera y la búsqueda de productos más rentables por parte del ahorrador minoritario ha abierto un abanico de posibilidades que va mucho más allá de los tradicionales depósitos a plazo fijo, pero que puede no estar diseñada para todo el mundo.

Una de estas alternativas son los depósitos estructurados, un producto cada vez más en boga entre los pequeños ahorradores, ya que ofrecen rentabilidades por encima de lo que viene siendo habitual en los últimos años aunque, eso sí, a costa de asumir un cierto riesgo.

¿Y cómo consigue un depósito una rentabilidad mayor que la que rige el mercado? Muy sencillo, porque, en realidad, no se trata de un depósito a la antigua usanza, sino que se compone de dos productos claramente diferenciados: por un lado, es un depósito clásico a renta fija, pero también incluye otra parte a renta variable, que tiene un plazo mayor y promete mayores beneficios, aunque sin estar garantizados, generalmente vinculados a la evolución de un activo subyacente, que es el que determinará el rendimiento de la inversión.

Un producto más complejo que los tradicionales depósitos

Depósitos EstructuradosEl hecho de que la rentabilidad del depósito se determine en función de la evolución del activo subyacente, un producto de renta variable (un grupo de acciones, un índice bursátil o un fondo de inversión, entre muchos otros), hace que el producto sea más complejo que cualquier otro de renta fija, pese a que muchas entidades financieras lo comercialicen como tal.

Su rentabilidad se calcula de diferentes formas, en función de cómo lo establezca la propia entidad. En cualquier caso, es importante destacar que la rentabilidad puede ser positiva o negativa, en función de la evolución del activo subyacente. Existen, no obstante, determinadas circunstancias en las que el capital o un porcentaje del mismo están garantizados a vencimiento, aunque no suele ser lo habitual.

Otros factores a tener en cuenta

Uno de los factores a los que los depositantes suele dar una cierta importancia es la liquidez del producto. Mientras la mayoría de depósitos a plazo fijo y cuentas remuneradas ofrece la posibilidad de rescatar el capital antes del vencimiento sin ningún tipo de penalización, un depósito estructurado no permite esta posibilidad, y el capital deberá permanecer inmovilizado hasta el vencimiento fijado en el contrato. Las entidades aplican una comisión de entre el 1,5% y el 5% por modificar la estructura ante posibles salidas de capital.

Pero, ¿qué ocurre si durante este tiempo el banco que gestiona el depósito quiebra? Pues que no debemos preocuparnos de nada. Al ser un depósito, entra en la categoría de productos que está garantizado por el Fondo de Garantía de Depósitos español, hasta un máximo de 100.000 euros por titular y entidad. Es decir, está asegurado en caso de insolvencia del emisor, así que solo deberemos preocuparnos por la evolución de su rentabilidad efectiva.

¿Es un producto pensado para mí?

Pese a que un depósito estructurado está articulado a través de dos vehículos de inversión diferentes, un depósito tradicional y un activo subyacente de renta variable, en los últimos productos lanzados al mercado se ha optado por vincular completamente la inversión a la revalorización de ese activo, de modo que el cliente pueda obtener más rentabilidad.

Ahora bien, esta supuesta ventaja es la causa acaba acarreando cuantiosas pérdidas a los clientes. No podemos hablar, ni mucho menos, de un producto de renta fija, y menos de un depósito a plazo fijo, a pesar de que muchos de ellos cumplen las características para ser considerado como tal. Por esta razón, es necesario contar con un mínimo de conocimientos financieros o solicitar asesoramiento.

Y, en última instancia, si no conocemos cómo funciona, lo más razonable es optar por otros productos o mantener nuestro dinero en efectivo. Mejor eso que perder parte de nuestros ahorros.

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