Depósitos bancarios, ¿a corto o a largo plazo?

Los depósitos bancarios han sido, tradicionalmente, los instrumentos de ahorro preferido por las familias españolas. La facilidad con la que se colocan los ahorros en estos productos y su garantía absoluta (al estar cubierto por el Fondo de Garantía de Depósitos) son algunas de las ventajas que explican su repunte casi constante a lo largo del tiempo, pese a que los bajos tipos de interés que rigen el mercado en la actualidad los hagan menos atractivos con respecto a otras alternativas.

En cualquier caso, en el momento que nos decantamos por un depósito a plazo fijo para rentabilizar nuestro dinero, habrá que analizar cuáles son las alternativas que existen y, sobre todo, por cuánto tiempo tendremos que renunciar a este dinero. En este sentido, existen dos tipos de depósitos: a corto plazo y a largo plazo.

El plazo de vencimiento, la principal diferencia entre los depósitos

Depósitos bancariosLa principal diferencia entre ellos es la fecha de vencimiento. Normalmente, un depósito a corto plazo tiene un vencimiento inferior a un año mientras que los depósitos a largo plazo tienen un plazo superior a un año. Esta diferencia tiene una implicación directa: cuanto mayor sea el plazo, mayor suele ser el interés que este tipo de producto proporciona a sus clientes y, por lo tanto, mayor será el capital que el cliente recibirá al vencimiento.

En el mercado existen diversas categorías de depósitos en función de esta fecha de vencimiento. Así, los depósitos pueden dividirse en cinco categorías en función del plazo de su vencimiento:

  • 1 mes
  • De 1 a 3 meses.
  • De 3 a 6 meses.
  • De 6 meses a 1 año.
  • Más de 1 año.

Los cuatro primeros son los conocidos como depósitos a corto plazo mientras que el último es el depósito a largo plazo. Por ejemplo, en el mercado existen en la actualidad, en Octubre de 2015, depósitos como el de ING DIRECT a 3 meses que ofrece una rentabilidad del 1,90% TAE o el Depósito Bienvenida de OpenBank con una rentabilidad del 2% TAE los tres primeros meses; o a 5 años como el Depósito Nemea al 4% TAE.

Entonces, ¿qué me conviene?

No existe una respuesta única, ya que depende de cada persona, de cada situación pero, sobre todo, de nuestra capacidad para renunciar a nuestro dinero. Generalmente, y más en entornos de bajos tipos de interés, tanto de corto como de largo plazo, la mayoría de personas suelen decantarse por los primeros, debido a que la mayor rentabilidad no es suficiente como para compensar el mayor periodo que quedará inmovilizado nuestro capital.

En muchos casos, las personas prefieren adquirir bonos del estado en lugar de depósitos a largo plazo al tratarse de activos que, a ojos del inversor, proporcionan una mayor seguridad aunque no siempre una mayor rentabilidad.

Un mal escenario para invertir en depósitos

Atrás quedan los tiempos en los que las entidades se embarcaban en la guerra del pasivo, ofreciendo tipos de interés más elevados con el objetivo de atraer al cliente y con el que se podía obtener una rentabilidad cercana al 3% en algunos depósitos a corto plazo y cerca del 7% en depósitos a largo plazo.

Cabe esperar que, con la recuperación económica y la mejora en las expectativas, los bancos centrales tomen partido y aumenten los tipos de interés oficiales, que deberían provocar una reversión en la situación y comencemos a ver un repunte en los tipos de interés de nuevo. Aunque, para ello, deberemos esperar por lo menos hasta 2017.

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