Claves para elegir un buen depósito a plazo fijo

El sector bancario está saturado con imposiciones a plazo fijo y, a menudo, no es fácil saber cuál es el depósito que más nos conviene o que ofrece las condiciones más ventajosas. Esto no es sólo una cuestión de comparativa entre los distintos depósitos a plazo fijo disponibles en el mercado, sino también de las necesidades o preferencias específicas que podamos tener como clientes.

Si quieres saber cómo elegir un buen depósito a plazo fijo, presta atención a las que claves que vamos a compartir contigo a lo largo de este artículo.

El tipo de depósito bancario

Aunque puedan parecer iguales y tengan la misma denominación, no todos los depósitos son el mismo tipo de producto financiero.

El depósito tradicional es una imposición a plazo fijo a cuyo vencimiento se nos devolverá el dinero junto con los intereses correspondientes (a no ser que éstos hayan sido entregados en algún momento anterior). Son, básicamente, un producto de ahorro.

Por el contrario, los depósitos estructurados constituyen más bien un instrumento de inversión, puesto que su rentabilidad está vinculada al comportamiento de determinados activos financieros que cotizan en bolsa. Además, en ocasiones, parte de dicha rentabilidad también está supeditada a fenómenos totalmente dispares que convierten al depósito es una especie de producto propio de la industria del juego.

Rentabilidad generada por el depósito

Depósitos bancariosLa rentabilidad ofrecida es, probablemente, el factor más relevante de cuantos deberían ser sopesados en la elección de un buen depósito. Ahora bien, debe distinguirse entre la TIN y la TAE.

La TIN hace alusión a la rentabilidad total generada sobre el capital y tras el vencimiento del depósito. Por el contrario, la TAE o tasa anual equivalente se refiere a la rentabilidad relativa; es decir, el porcentaje de intereses que se consiguen sobre el capital tras el paso de 12 meses.

Cuando se trata de comparar la rentabilidad que se puede conseguir con cada depósito, lo mejor es recurrir a la TAE, dado existen depósitos con plazos y duración distinta.

Plazo de duración de la imposición

Precisamente, el plazo que dura un depósito es también un factor a tener en cuenta a la hora de escoger uno u otro. Ten en cuenta que el capital que has depositado quedará retenido durante el plazo de vida del depósito. Eso significa que no podrás disponer del dinero a lo largo de ese plazo. De lo contrario, tendrás que proceder a cancelar el contrato y pagar la penalización correspondiente. Dicha penalización puede llevar a ser equivalente a los intereses generados hasta el momento de la cancelación.

La elección de un plazo u otro depende, fundamentalmente, de los siguientes criterios:

  • Previsión de necesitar el capital en un plazo corto de tiempo o posibilidad de prescindir de él durante un largo periodo.
  • Previsión de la evolución de los mercados, los cuales influyen en los intereses ofrecidos por los depósitos. Si prevés que los intereses van a bajar o mantenerse estables, lo más recomendable es contratar depósitos a largo plazo. En caso de que la previsión de la evolución de los intereses sea alcista, entonces lo apropiado es comprometerse únicamente con depósitos a corto plazo.

Disponibilidad anticipada del capital

La posibilidad de cancelar el depósito de forma anticipada sin tener que hacer frente a penalización alguna es otro criterio que debería ser valorado, especialmente, en los casos en los que no estamos seguros de si vamos a necesitar el capital antes de la fecha prevista.

En ese sentido, existen diversas alternativas:

  • Depósitos sin penalización por cancelación anticipada.
  • Depósitos con penalización sobre los intereses generados o sobre el tipo de interés ofrecido.
  • Depósitos que no permiten la cancelación anticipada.

Momento de la liquidación de los intereses

El momento en que los intereses son liquidados tiene una influencia directa sobre la rentabilidad que podemos obtener sobre nuestro dinero.

En el caso de los depósitos que liquidan intereses de forma progresiva a lo largo de toda la vida del depósito, es posible disponer del beneficio generado y destinarlo a otro producto de ahorro o inversión que nos genere nuevos intereses.

Por el contrario, aquellos depósitos que únicamente liquidan los intereses al vencimiento, la rentabilidad que podemos obtener durante la vida del depósito queda limitada a los intereses que éste ofrece.

Importe mínimo y máximo para la apertura del depósito

El importe mínimo que se exige para la apertura de un depósito constituye la primera barrera de entrada. Eso significa que aquellos depósitos que exigen un alto importe para su contratación sólo están al alcance de clientes con una elevada liquidez o que están dispuestos a inmovilizar un volumen significativo de sus ahorros.

El importe máximo determina las posibilidades que tenemos de obtener un determinado interés fijo por nuestros ahorros. Cuando los límites máximos son algo reducidos, el interés ofrecido deja de ser tan importante, dado que los intereses totales a los que podemos aspirar están igualmente limitados.

Vinculación o condiciones añadidas

La contratación de determinados depósitos está sometida al hecho de aceptar una serie de condiciones añadidas o vinculaciones con el banco emisor como, por ejemplo, la domiciliación de la nómina, los recibos o la contratación de seguros.

En esos casos, lo más prudente antes de contratar el depósito es comprobar el coste o impacto que este tipo de vinculaciones supone sobre nuestra economía. Sólo así podremos saber si la rentabilidad obtenida sobre el depósito vale la pena o no.

En caso contrario, es posible que encontremos depósitos que, aún ofreciendo una rentabilidad inferior, generen un mayor beneficio al estar libres de otro tipo de vinculaciones.

Comisiones en la cuenta corriente vinculada

Éste es, en realidad, un ejemplo específico del aspecto tratado en el apartado anterior. No obstante, es uno de los más importantes, por lo que merece la pena tratarlo de forma pormenorizada.

Todo depósito debe estar vinculado con una cuenta corriente en la cual se depositará el dinero tras el vencimiento de aquel. Si dicha cuenta corriente implica unos gastos fijos por el hecho de abrirla o mantenerla, dichos gastos deberían ser tenidos en cuenta en el cómputo global de los beneficios obtenidos.

Si no obtenemos otras ventajas añadidas con la cuenta corriente en cuestión, los gastos y comisiones por apertura y/o mantenimiento deberían considerarse una merma directa sobre la rentabilidad del depósito. Al fin y al cabo, hoy en día, existen sobradas alternativas de cuentas corrientes en el mercado libres de las comisiones habituales.

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